El Pendrive de Bocha

Es tiempo de apostar al "Lapso Feliz"



¿Qué será de mi futuro? ¿Estoy haciendo las cosas bien? ¿Sirve de algo aspirar a ser productivo el 90% del día? ¿Es correcto ocupar mi tiempo para evitar pensar? ¿Qué sentido tiene vivir experiencias si al fin y al cabo todo se termina? ¿Por qué me armo períodos futuros de sufrimiento?

Hasta aquí cuestionamientos que en algún momento de mi vida tuve, pero que en aquellos tiempos los hacia de manera distendida, en noches reflexivas y complacientes hasta cierto punto. No podemos evitar preguntarnos cosas, es parte de nuestra naturaleza, y no me excusó con limitaciones biológicas, pero el plasmarse dudas es algo que lo llevamos en nuestro ser, en nuestra entidad biocultural. Y hoy me doy cuenta que estas "dudas existenciales" han ido en notorio aumento y creo yo que se debe a la ausencia de un "período de estupidización" o quizás a no tener un objetivo que alcanzar.

Hoy estoy pasando por una etapa de transición, una que se bien cuando se origino, pero que no contempla un proyecto, una idea a seguir, y es que, aunque yo no quiera reconocerlo, sin un objetivo en mente, me cuesta existir. Siempre fui así, sacaba de metas las fuerzas para levantarme temprano y hasta tarde no parar de hacer cosas, siempre intentado que las mismas fueran productivas, entendiendo por productivas aquellas que se hacen una vez y para siempre.

Y remarco que aunque la meta a seguir fuera una de carácter negativo, si servia para apoyarme y sacar voluntad de ella, entonces ya cumplía con su rol. Toda una paradoja, hacer un sin fin de actividades productivas aspirando a un objetivo que no lo es. Reconozco esta falencia, pero aun así, negativa o no, si cumple con su objetivo es valida.

Y me detengo para hacer un pequeño parate en la estructura de las metas. Donde hay una principal y por ende de mayor gratificación y larga espera, también las hay otras secundarias, con menores gratificaciones y de corta espera. Ambas son seleccionadas por el sentimiento y su valor radica en el tiempo que tardan en lograrse. Mientras mayor tiempo y esfuerzo lleve, mejor será la gratificación.

¿Pero que sucede cuando la meta principal es negativa? Pasa que al llegar a esa meta, y pasarla de forma inesperada, es decir, no de la forma que se planifico, uno se topa con un vació existencial, y es en este vació en donde me encuentro hoy. Parado, con enormes ganas de caminar, pero no saber en que dirección hacerlo. Y al estar inmovilizado por la ausencia de un objetivo, lo único que hago es cuestionarme cosas, buscar respuestas que, o nunca obtengo, o si las encuentro no me satisfacen.

Creo yo, como dije anteriormente, que la única salida a este vació existencial es, o dibujarme un objetivo a seguir, uno que me proporcione voluntad cotidiana, o bien, encerrarme en un "período de estupidización" o "lapso feliz".

Durante los últimos dos meses intente llevar a la practica la primera opción. Tuve mis metas secundarias, mis metas primarias, negativas y positivas. Pero ya es tiempo de apostar al "Lapso Feliz", ciclo donde prevalece el disfrute por encima del trabajo, donde la idea de cada día es gozar al máximo, dejando de lado la preocupación por realizar actividades productivas. El tiempo presente es más importante que el tiempo futuro. No hay objetivos a seguir, y en tal caso, el único que hay es ser feliz.

Enfocare mis acciones al bienestar. Saliendo con la gente que quiero, intentando estar bien con mi familia, y si recupero las fuerzas, haciendo feliz a una persona en especial. Los objetivos están planteados y son claros. El tiempo dirá si los lleve a la práctica o no.

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