El Pendrive de Bocha

El valor del vivir



Nada es gratis, todo tiene un valor. Nuestra vida se devalúa, porque su bienestar se encárese cada vez más. Pero no debemos dejar que la complejidad de la independencia, y del ser algo en este mundo se transforme en una imposibilidad. Muchas personas hicieron, hacen y harán sus vidas. Si otros pudieron, nosotros también. 

Debemos seguir soñando, porque imaginar algo que queremos es el primer paso para obtenerlo. Desear para ganar. Todo lo que nos hace feliz en la vida real, antes pasó por nuestra cabeza, o por lo menos en la mayoría de los casos es así.

Hay que llenarse de simbolismo por lo menos unos segundos de la semana. Hermoso sería poder ocupar la mayor parte de nuestro tiempo en algo que amamos, en aquello que nos llena de placer, que nos da la misma satisfacción que le damos. Obtener una reciprocidad simbólica es primordial y una premisa de la verdadera felicidad. Es una forma de retroalimentar la melancolía.

Miremos hacia atrás, es grandioso analizar el camino recorrido desde el punto actual, solo para afirmar con asombro: “¡mira todo lo que logre!”. 

Miremos hacia atrás, placentero resulta el recordar las costumbres de otros tiempos, que fueron nuestros, como lo es el presente, y cómo lo será el futuro. 

Busquemos placer en todo. Tengamos la capacidad de sentir cada detalle. Evitamos el pozo de la rutina. No le temamos al cambio. Salgamos, disfrutemos, despidámonos a tiempo. Nunca sabremos cuando lo haremos por última vez, y ahí radica lo hermoso del vivir, en el no saber. Resultaría horrible conocer nuestra fecha de vencimiento, ¿no les parece? Todos la tenemos, pero conocerla con exactitud sería de terror. Ni la persona más fuerte lo soportaría.  

La muerte en vida no existe. La falta de voluntad sí. Los mediocres la suelen confundir. Cuesta  creer que muchas personas se resistan a buscar el placer, y prefieran encerrarse en los océanos del desaliento, y es menos creíble cuando lo hacen conscientemente, pero sucede.

Vive la vida, lee un libro. Así como nos tomamos nuestro tiempo para leer palabra por palabra, oración por oración, y párrafo por parrado, tomémonos nuestro tiempo para vivir segundo por segundo, minuto por minuto, y hora por hora. Podremos volver a los primeros capítulos tal como recordamos nuestros primeros cumpleaños y navidades. Llegado el momento terminaremos de leer, como terminamos de vivir. Y si fue un buen libro, una buena vida, otros se interesaran por leerlo, por saber de ella.

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