El Pendrive de Bocha

Hasta que la última luz de esperanza se apague


Miedo, angustia, terror e indecisión. Estos son los pilares sobre los que hoy descansa mi presente, con lo mal aplicado que queda el término "descansa" en esta afirmación, ya que si hay algo que hoy no hago es descansar.

Todos los que me conocen saben que soy hincha de Independiente, (caso contrario no me conocen), y tienen una mínima idea de lo que estoy pasando padeciendo.

El próximo fin de semana hay posibilidades de que el club de mis amores descienda por primera vez en su historia a la B Nacional, estas probabilidades son solo matemáticas, futbolísticamente hablando es muy difícil que suceda (Independiente no debe ganar mientras que Argentinos y Quilmes tienen que obtener los tres puntos en sus respectivos partidos).

Ante este panorama se habla mucho en los medios, y yo, como todo hincha común, soy carcomido lentamente por los nervios. No duermo, no estoy tranquilo. Paso horas haciendo cuentas, calculando las chances que todavía tenemos de salvarnos, si, el "tenemos" denota claramente una unificación con el club, Independiente y yo somos la misma persona, y ambos estamos muriendo.

Sumo y divido, vuelvo a sumar y vuelvo a dividir. Aparece la angustia, me aguanto las ganas de llorar, y comienzo con mis actividades diarias totalmente desganado. Si la semana la estoy transitando relativamente bien es solo porque estoy ocupado, al punto de no poder preocuparme por lo que sucederá el domingo (si es que sucede). Pero así es, camino y camino y a cada paso que doy me siento más solo, se bien que no lo estoy, que hay mucha gente que me banca, pero estoy hablando de sentir, lo cual es totalmente diferente al saber.

A su vez sé que hay muchos hijos de puta que me nos quieren ver caer. Aunque la idea de este artículo no es criticarlos a ellos, yo alguna vez estuve en su lugar.

El motivo por el que me senté a escribirles hoy pasa por otro lado, por un aspecto totalmente individual. Y es que cuando escribo logro ordenar mis ideas, proyectarme, es una actividad que me suma y mucho. Y ahora más que nunca la necesito fiel a mi lado, o mejor dicho, fiel en mis manos y en mi cabeza.

Puede ser que exista un motivo de carácter grupal y que esconda por unos segundos mi egocentrismo, en tal caso sería el afán de hacerles conocer a todos ustedes lo que pasa en mi interior. Algunos estarán interesados en saber sobre esto para pensar cómo ayudarme a transitar la enfermedad, y otros, los mencionados hijos de puta, leerán estas palabras en busca de afirmar lo que quieren, verme destrozado psicofísicamente.

Centrándome en los primeros, en los que me quieren ayudar les pido solo una cosa: respétenme mis tiempos y actitudes. Ya no busco que me comprendan, pocos lo harán, solo quiero que tengan respeto por lo que hago y deje de hacer estos próximos días. Tengo como idea, si la catástrofe sucede, pasar el luto solo, llorar solo con aquellos que lloran, rodearme con gente que si viva lo que yo.

Hay una sola cosa por la que temo, y es no saber qué actitud tomare ante la inminente sensación de "no encontrar la salida". Esto es algo que me genera mucho terror, pero por lo menos soy consciente de su existencia. Algo es algo, ¿no? y antes de que me pregunten, respondo: no, no pienso hacer ninguna locura, yo ya estoy loco. La situación que vengo acarreando hace más de un año me dejo en este estado de completa demencia. Además, las locuras no se piensan, se cometen.

No hay nada concreto que les pueda decir sobre mi futuro, solo que lo pienso transitar en mis adentros, ¿por cuánto tiempo? no tengo la menor idea. Existe la posibilidad de que lo pase de otra forma, que busque otras maneras de despejarme, pero por lo pronto, en esta eterna previa reina la soledad.

De mi presente dije lo necesario, el miedo, el terror, la angustia e indecisión. ¿Pasado? tanto, tanto para hablar, pero en lugar de caer en la infinita enumeración de glorias, alegrías y emociones que el Rojo me hizo sentir. Prefiero y creo adecuado un breve resumen: toda gran felicidad, es acompañada por un gran sufrimiento. Y hoy el amor de mi vida, ese que mantiene vivo el recuerdo de mi abuelo, me está pasando factura, y de qué manera, con la posible pérdida de la categoría. Pero creo en las hazañas, en esa mística que nos caracteriza por historia al glorioso y único Rey de Copas. Mientras la posibilidad de salvarse exista, y hasta que la última luz de esperanza se apague, lucharemos todos juntos, el pueblo rojo aun está de pie, y es gigante.

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