El Pendrive de Bocha

Destino, fuerza externa y susceptible a ser interiorizada



Creo en el destino, pero no como una fuerza desconocida que actúa sobre la vida, ya que somos nosotros quienes lo vamos armando.


El humano es dueño de una naturaleza dual, así es su condición. Es propio de este animal encerrarse en su interioridad, y desde ahí analizar al mundo. Propio e inevitable. Presente en actitudes, lo cual es totalmente constatable empíricamente, sea mediante la observación cotidiana, o a través del estudio de importantes teorías del pensamiento. Basta ojear los primeros trabajos antropológicos, las miradas sobre el otro estaban totalmente analizadas desde una perspectiva egocéntrica. Y no es necesario viajar al pasado para sostener este enunciado. Salgamos a la calle, recorramos una villa, aquellos que estamos en altas condiciones materiales de existencia, ¿Qué diremos? “El pobre no tiene zapatillas nuevas, el pobre no tiene celular, el pobre no tiene televisión”. Es continuo como pueden ver, “no tiene”, ¿pero que no tiene? Exactamente lo que nosotros si tenemos. Analizamos continuamente a los demás a partir de nosotros mismos, mirar al otro implica mirar al nosotros. El uno lleva al otro, proceso doble e inseparable desde el consciente moderno. Pero así como somos egocéntricos, también dependemos de cosas, Instituciones, personas y entidades de significado externas. La condición humana, reitero, es dual, autónomo y heterónomo. Depende de su interioridad, depende de su exterioridad.

No le basta en creer en sí mismo, también tiene que creer en cosas ajenas, o por lo menos, no directamente cercanas. Llámenle Dios, Suerte, Destino. Para este análisis es lo mismo. Yo por preferencias que no valen la pena tener en cuenta en estos escritos, me quedare con Destino.

¿Existe el Destino? En tal caso, ¿Qué es el Destino? Ambas preguntas son sumamente complejas e introductorias a enormes debates. Sin contar con los recursos necesarios para realizar una enumeración amplia y representativa de dicho concepto, me veo obligado a tomar la definición más común y corriente y desde ahí analizar. Por Destino se suele entender: fuerza desconocida que actúa de forma inevitable sobre las personas y los acontecimientos.

¿Qué creo yo? Que el mismo existe, pero no como una fuerza desconocida que actúa sobre la vida, ya que somos nosotros quienes lo vamos armando. Tanto la definición tomada como mi enunciado tienen algo en común que salta a la vista, ambos sostienen que el Destino existe. Y es que en realidad está mal encarar el tema con ese planteo. ¿Existe? si, tiene un significado consensuado por las distintas comunidades de diferentes formas, el consenso radica dentro de cada ámbito a su manera. Como concepto existe, eso no se puede discutir. En el “que es” entran las diversidades. ¿Está mal que un mismo concepto tenga distintas denotaciones? Para nada. Mientras más crucial sea un término, más cuesta definirlo, mírese “Cultura” por ejemplo, o “Libertad”.

Dejemos de lado su existencia, la misma está dada ya desde su significado, detengámonos y analicemos este último, el "que es". Es la relación entre la causa y la consecuencia, entre el motivo y el fin. Siempre tenemos poder y determinación sobre la causa, sobre el motivo, y en algunos casos logramos manejar su consecuencia, su fin. Pero entre ambos, es decir, en la relación, en el Destino, no podemos modificar nada, no tenemos poder de determinación, por lo menos el de una determinación directa. Podemos, entonces, hablar de tres niveles, (causa-relación-consecuencia). Y ordenarlos de mayor a menor desde nuestra posibilidad de manejo (causa-consecuencia-relación). La relación, es decir, el Destino, es el nivel más externo, sobre el cual no hay un dominio directo, pero si lo hay de forma indirecta, mediante los otros dos niveles, el inicial y el final, el motivo y el fin, la causa y la consecuencia. Y esto es más que claro, la causa y la consecuencia hacen a la relación, al Destino, es difícil comprender esto ya que los tres niveles están muy relacionados entre sí. Pero esta potente unión que nos complica a la hora de entender como la causa y la consecuencia modifican a la relación es la misma que nos permitirá entender cómo es posible dicha modificación. La causa lleva a la relación y ésta a la consecuencia, pero dicho orden no debe confundir, el orden se da en niveles y por separado, pero su fuerza es una sola, radica en el todo, donde las partes están mutuamente relacionadas, y si una cambia, las otras también. Que estén tan relacionadas oculta la idea de Destino como una fuerza externa, lo reconozco, pero aun así hay que hacer un esfuerzo por encontrar ese plus de diferencia, esa pequeña autonomía que tiene el Destino por sobre los otros dos niveles (causa y consecuencia). Solo así podremos ver al Destino como una fuerza externa sobre la cual tenemos cierto control (indirecto), y no caer en el error habitual de considerar al mismo como una fuerza desconocida que hace y deshace a piacere.

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