El Pendrive de Bocha

Concepciones sobre la Industria Cultural



Transitamos un camino de obediencia y trabajo en el cual subyace una satisfacción generada por la cultura de la alienación. A medida que mayor brillo tiene, mayor es su apariencia. Nos hicieron creer que la felicidad es una tentación y como tal es negativa, dañina, fuera de lugar por los tiempos que corren. Pero, ¿si no estamos para ser felices, para que estamos? la respuesta que nos dan es directa y conocida: para producir.

Producción que se transforma en eje de todos los ámbitos, al punto de generar reglamentos, normas, pasos a seguir para alcanzarla en su punto más alto. Es así como por ejemplo se originó el rating de la televisión, ley universal determinadora de lapso alcanzado y al que puede aspirar un medio, un programa. Se ha industrializado todo, se anhela una producción en masa, sinónimo de éxito asegurado, cuando dicho éxito lo determina el aumento del plusvalor, o en el caso citado más arriba, el aumento de la audiencia. Excedentes buscados que tienen su viva imagen en estadísticas envueltas por anillos gruesos de confianza plena, ¿quién no cree en los números hoy en día?. Y es que estos símbolos reflejan de manera muy cercana, extraordinariamente muy cercana, la realidad. O por lo menos eso es lo que nos hicieron creer.

Se atiende a los hechos concretos, se conforma con ellos, y se para como imposibilitada para negar lo existente, actitudes que fueron creciendo desde la raíz, desde esos primeros gérmenes, y que hoy, destronaron los objetivos iniciales del Iluminismo puro. La razón reflexiva se dejó de lado, y se hizo y hace hincapié en la razón instrumental con respecto a un fin.

Dicha corriente mantuvo una relación de ida y vuelta con el empirismo de Bacon, uno influye sobre el otro y viceversa. La ciencia elabora conocimiento partiendo de casos particulares observables y luego generalizando, ocultando las diferencias. Se presenta ante el mundo moderno como la última y única forma de conocer, dejando entre neblinas la sustitución específica, y proclamando fuertemente la sustitución por generalización. Desde aquí surge la hegemonía de la formula, y con esta metodología las cuantificaciones vacías y el falso igualismo. Eterna repetición de lo igual, ese es el pilar, el cimiento que sostiene este enorme aparato. La repetición de lo igual a partir de la eliminación de las diferencias, producción en serie, objetos masificados para públicos masivos, para entidades unidas por un solo objetivo en común: la producción. Una competencia surge alrededor de dicha meta, y es en plena competencia que se abren paso las diferencias, pero las mismas son efímeras ya que conseguido su objetivo, son copiadas, o reelaboradas por los "rivales". Por ejemplo: Si "X" empresa desarrolla una determinada herramienta que le genera más ingresos, superando a las empresas competidoras, estas últimas posiblemente copien la nueva herramienta. Podemos observar cómo surge una diferencia en plena competencia, pero su existencia en la misma es efímera porque termina siendo copiada, o en el mejor de los casos, mejorada, aunque no siempre sucede así. Se aspira solo aquí a la diferenciación, pero persiguiendo una meta común, producir más que el otro. La diferencia, como diferencia, es fugaz.

Dentro de la producción en serie hay productos que comparten función y hasta mismo origen, pero que presentan diferencias en el precio, ¿la razón? distribuir y clasificar a los compradores, al público. Ordenarle. Los consumidores son obligados a consumir aquello que está dentro de sus posibilidades, la orden existe, pero permanece oculta bajo el falso igualismo, bajo la falsa conciencia. "Todos tenemos los mismos derechos..." pero no todos podemos acceder a ellos.

El pilar nombrado unas líneas más arriba es visible en todos los ámbitos. Todo tiene un rasgo en común, una característica de trasfondo; lo igual. Se vive en edificios cuyas estructuras son similares, la distribución de las calles es semejante en todos lados, los individuos, (nunca sujetos), se relacionan con aquellos con los que comparten formas de pensar, se busca lo igual en el otro con el único objetivo de encontrar contención. Ante un otro igual o parecido estamos tranquilos. Se nos inculco este pilar desde nuestros primeros días de vida, al punto que pensamos y actuamos en base a este. En la "igualdad" estamos bien, y es por esto que cuando nos sacan de la rutina, de nuestro mundo auto y preestablecido, surge el malestar, el mal humor, a nadie le agrada la sensación de intranquilidad, y esta surge con los cambios repentinos.

La manipulación a la que se someten los individuos masivos es resultado directo de los múltiples y sutiles mecanismos de la cultura masiva, de su astucia alienadora, procedimiento invisible para los pobres inmersos en ella, que consiste en realizar dentro del plano simbólico todo aquello que está impedido en la realidad, por ejemplo, vemos en las novelas de la televisión sucesos e historias que en la vida cotidiana no pasan. El ofrecimiento y la privación se dan de forma simultánea, y las víctimas de la modernidad nada pueden hacer al respecto. Los pocos que se resisten son apartados lentamente de la sociedad.

El amor se transforma en historieta, la diversión fomenta el no pensar, el sexo se naturaliza y la belleza se convierte en humor. Estos son los mundos que corren y en los que vivimos. La vida cotidiana es transformada en un eterno paraíso donde nos distraemos y nos resignamos. Aquí cumplimos con la ley suprema de la Industria Cultural, jamás alcanzar aquello que deseamos, y justamente con ello debemos contentarnos, todo esto por supuesto, en un mundo eternamente "igual".

Ante este panorama, ¿las victimas que pueden hacer? Adorno y Horkheimer destacan dos modos de actuar: la autoconservación (dar más de sí mismos, más de lo que nos pide el sistema) y la astucia (contrato por el que dos personas se ponen de acuerdo y uno de los dos traiciona). En ambos casos se deteriora la condición humana, nadie, ninguno que adopte uno de estos pasos a seguir sale indemne. Por eso me comprometo a trasmitirles una opción nueva, ya que siempre se puede hacer algo más. Propongo que demos un salto, uno que nos deje en un estatus superior en relación al cual hoy nos encontramos. Comprendamos que la vida es un eterno querer, que la felicidad no se tiene, solo se busca, estas son las esencias más puras, las herramientas que más desgastadas deben quedar al finalizar nuestra estadía. Solo ellas conforman nuestro salvavidas en este océano de la mediocridad. Debemos romper con el carácter sumiso que nos invade, antes de que nos tape el agua.

El largometraje “Tiempos modernos” de Charles Chaplin es un ejemplo concreto y claro para terminar de dilucidar esta visión desencantada del mundo moderno, que los pensadores de Frankfurt nos dejaron para nuestra contemporaneidad. En la película se pueden observar los altos índices de producción que desean las empresas, la relación máquina-hombre, la similitud de las personas con los rebaños de las ovejas, la estandarización de la producción, la repetición de lo igual e individualidad de la fábrica. Lo previsible y rutinario del nuevo e inesperado mundo.

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