El Pendrive de Bocha

Crimen



Ahí estaba yo, caminado hacia la puerta de calle mientras escuchaba la radio. Llevaba bajo mi brazo izquierdo una caja llena de revistas viejas, y en la mano derecha tres bidones Villa del Sur. Mientras abría la puerta haciendo malabares para qué no soltar los bidones, la locutora pidió silencio en el estudio para dar a conocer una noticia, triste y shockeada, según sus propios términos, dijo: “señoras y señores, queridos oyentes, acaba de morir Gustavo Cerati, se nos acaba de ir de gira otro grande de la música”. Inmediatamente dejé caer todo lo que llevaba encima, “se fue Gus”, pensé. Reconozco que, si bien hace años no nos hablamos, la noticia de su partida me angustió, fueron muchas cosas vividas, giras, anécdotas. Las peleas por esos segundos quedaron a un lado. Levanté las botellas y las revistas, las metí adentro de la campana verde, y corrí para casa a llamar a Lilian. Me atendió con una voz quebrada y daba la sensación de estar agitada, pero ni bien le dije mi nombre, la voz quebrada desapareció, sacó fuerzas de no sé dónde, y comenzó a maltratarme, “llamo para darte mi pésame, adiós”, le dije rápidamente y corté. Años después y seguía enojada, supongo que tener a un hijo en el estado en el que se encontraba Gus debe ser motivo suficiente para perder la paciencia fácilmente. Pensé en llamarla a Laura, pero por miedo a que me respondiera igual, preferí directamente presentarme en el velatorio para despedirlo.

Una vez en el hall de la Legislatura porteña, me paré detrás de una columna y desde ahí saludé a mi amigo, estaban tanto la madre como la hermana, pero consideré que lo mejor sería que no me vieran.

No tuve la misma suerte con Ben, al que vi saliendo del edificio, cruzamos mirada, lo abracé y le dije:
-Mi más sentido pésame-
-Lo mejor será que te vayas- me respondió esforzándose por no llorar, o eso creí por lo menos.
-Benito, ¿todavía no pueden perdonarme el exabrupto de aquella vez?, pasó el tiempo, y hace casi 5 años que no sé nada de Deborah.
-Hay cosas que lo mejor es dejarlas en el pasado, y no volver a traerlas acá. Cuidate- y se fue caminando hacia el interior del hall.
Desencajado volví a casa, y por la hora me acosté a dormir. Agitado me desperté, sentado entre las sabanas, transpirando, y con los ojos bien abiertos comencé a recordar aquella vez en la que fui a visitar a Gustavo a la Clínica Fleni. Era un día frío y muy húmedo en Buenos Aires, y Gustavo llegaba en horas de la madrugada al país. Yo me acerqué hasta la Clínica para verlo, si bien seguía enojado con él por haberse acostado con mi ex, aun así, un ACV es cosa seria, un mal que no se le desea a nadie, ni al peor de los enemigos, y mucho menos a alguien que es, o fue amigo. Llegué, me presenté y pedí indicaciones en el hall del lugar, subí al tercer piso, y me encontré con Lilian
-¡ANDÁTE! ¡No te quiero ver, nadie te quiere acá, no sos bienvenido!- me gritó violentamente la madre de Gus.
-¡No me trate así, soy yo el que debería estar enojado, Deborah estuvo conmigo antes que con Gustavo, la falta de códigos fue de él, no mía!- respondí defendiéndome.
-Laura, podrías decir algo, no te parece?- agregué buscando apoyo.
-Andáte, no hagas las cosas más difíciles- me dijo.
Me fui re caliente, muy enojado. No podía creer que siendo yo la víctima, siendo yo el boludo al que le cagaron la minita, me trataran como me trataron. Pero hoy, a la distancia, pienso las cosas de otra manera, y hay mucho que no me cierra. Había más bronca que tristeza en el ambiente, y el discurso que Lilian daba en los medios era totalmente opuesto al que mostró en la clínica en su momento, o incluso en el velatorio hoy, bah, por lo menos era distinto con respecto al que mostraba ante mí. No había tristeza en esa mujer, había bronca, preocupación y nervios. Cuando sucedió lo de la clínica creí que el enojo pasaba por la pelea ocasionada entre Gus y yo por Debi, pero hoy comienzo a dudar de eso. Había algo más, y no sabía qué era.
Me lavé la cara, y regresé a la cama para dormir un rato más. Al día siguiente y tras desayunar, me decidí, la llamé a Laura y le dije de juntarnos a hablar. Aceptó y nos reunimos en las piletas de River Plate, un símbolo entre nosotros, ahí nos conocimos.
-Lau, quiero que sepas que estoy para lo que necesites- fue lo primero que dije cuando la vi en el club.
-No quiero hablar de mi hermano, te lo digo de entrada- me respondió seria.
-Es que no entiendo, están todos enojados, molestos conmigo, y no logro comprender el motivo- le dije.
-Hablemos de lo que vos quieras, menos de Gus, por favor. ¿Y lo de pilotear aviones? ¿En qué quedó eso?- preguntó cambiando de tema, casi desesperada por hablar de otra cosa.
-Bien, en la nada misma, sabés que es mi sueño frustrado, algún día lo haré- contesté y continué.
-Necesito saber, por favor, por el aprecio que nos tenemos, por los años vividos juntos, ¿pasó algo que yo no sepa? ¿Hay algo que me quieras decir? Porque hay cosas que no comprendo. No entiendo por qué aún hoy me tratan como me tratan, se esfuerzan por no hablarme- afirmé sabiendo que con eso la conversación podría terminar ahí mismo, y así fue.
-Bueno, seguís con lo mismo. ¡CHAU!- me respondió y se fue.
Volví a casa, muy pensante me puse a merendar y a mirar en YouTube algunos vídeos de la banda. Pasando de un vídeo a otro me encontré con uno que resumía uno de los recitales que dimos en el Monumental en la gira “Me veras volver”, y ahí me iluminé, una idea totalmente bizarra me cruzó la cabeza: ¿y si Gustavo sigue vivo? O más bizarro todavía, ¿y si Gus nunca estuvo en coma? Lo que explicaría a la perfección el hecho de que Lilian no me dejara pasar al cuarto cuando fui a visitarlo a la clínica. Recordé una anécdota que me contó en la que él de chico les hizo creer a sus compañeros de colegio que en su casa tenía un leopardo, pero esto era otra cosa, ¿sería capaz, Gus, de mentirle a todo el mundo, a sus fans? ¿Por qué lo haría? ¿Depresión? ¿La madre lo estaría encubriendo, de ahí sus nervios? ¿Laura y Ben trataban de evitarme para no decirme la verdad, o por miedo a que se les escapara algo delante mío? Alguien tuvo que hacerse pasar por él, tanto en la clínica como en el entierro, ¿quién? Muchas preguntas, por lo que salí a buscar respuestas. Me cambié, agarré las llaves del auto y me fui hacia la casa de Lilian, estacioné en frente y me quedé un rato ahí. Pasó una hora y comencé a sentirme un idiota, ¿qué estoy haciendo? Pensaba, “es ridículo todo esto”. En eso salió Lilian de la casa, era tarde para que una señora de su edad estuviera en la calle, y aún más raro era el hecho de que saliera a comprar cigarrillos al Kiosco de al lado. ¿Fumaba? ¿Desde cuándo? Terminó de comprar y volvió a su casa. Me bajé del auto y fui para el local.
-Hola, dame una Coca de 600- le dije al kiosquero.
-Si pibe, ya te traigo- respondió.
-La señora que acaba de venir, ¿siempre te compra cigarrillos?- le pregunté mientras buscaba plata en la billetera.
-¿La viejita? Sí siempre, hace varios años- dijo.
-Hay que fumar a esa edad eh, pero bueno, de algo uno se tiene que morir, ¿no?- contesté dándole la plata.
-Y sí, es lo que hay- respondió entre risas alcanzándome la botella.
Volví al auto pensando, “esta mujer no debe fumar, con la buena salud que tiene y su edad, no puede ser que esté fumando, le debe estar comprando a alguien más”. ¿Pero a quién? Gustavo tenía una relación intensa con el cigarrillo, se fumaba 40 por día, ¿sería a él? ¿La vieja podría ser capaz de tener a su hijo oculto en su propia casa? La única forma de saberlo era entrando a la casa, lo que Lilian estaba lejos de permitirme. Entonces se me ocurrió: si no puedo entrar tendrán que salir.
Arranqué el auto y me fui para casa a pensar formas para que la madre o quienes estuvieran adentro salieran. ¿Escape de gas? ¿Amenaza de bomba? ¿Amenaza de incendio? Una variedad de ideas cruzaron mi cabeza, pero preferí ser razonable y no hacer algo que estuviera por fuera de la ley. Leyendo el diario me enteré que el domingo próximo jugaban Racing e Independiente. Y ahí se me ocurrió. Si Gus estaba adentro, seguro vería el partido, no se perdía ninguno de Racing, ni un solo, y menos con su clásico rival, el Rojo de Avellaneda. Por lo que pensé, “si voy y le corto la luz a la casa, sí o sí tendrá que salir para ver el partido en otro lado, un hombre puede ocultarse de todo el mundo, de sus fans, e incluso de sus propios amigos, pero no puede ocultar su pasión”.
Paré el auto frente a la casa, me acerqué a la cámara de luz en un momento en el que no había nadie en la calle, y le corté la energía a toda la cuadra. Volví al auto y esperé. A 15 minutos de comenzar el partido, un hombre con tapado, anteojos negros y sombrero salió y se fue caminando rápido hacia la avenida, donde en la esquina había un bar. Lo seguí y entramos al bar. Se sentó en una mesa y yo pedí la de atrás. En un momento le dije:
-Jefe, ¿no tiene calor con ese tapado?, hace 25 grados-
-Estoy perfecto- respondió secó.
-¡Vamos la Acadé!- afirmé minutos después golpeándole el hombro.
-Está complicado che, veremos qué pasa. Es un partido jodido.
-Tranquilo Gus, hoy ganan ustedes, hoy les toca a ustedes- agregué.
El silencio fue la única respuesta que me dio ante esa última afirmación, se levantó de la mesa y lentamente se dirigió hacia la puerta, una vez fuera del bar, comenzó a correr, yo lo seguí como pude hasta que lo perdí entre la gente de la avenida. Busqué el auto, di algunas vueltas a la zona por si lo veía, pero nada, retorné a casa frustrado. No le vi la cara, salió de la casa de Lilian, salió a ver el partido de Racing, todo me cerraba, pero, ¿sería él? lo tenía que ver y reconocerlo, solo así me sacaría la duda. En eso suena el teléfono, atiendo y se escucha un silencio del otro lado, seguido por una voz que decía: “te aconsejo que dejes de buscar misterios donde no los hay, o podés terminar, terriblemente mal”.

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